La comunicación es como el ajedrez. Y es también como el boxeo. Las tres disciplinas tienen muchas cosas en común. Bastara que la comunicación sea también considerada un deporte para que pueda decirse que las tres son deportes olímpicos.

Pero una de las coincidencias más significativas consiste en que las tres disciplinas procuran conquistar el centro de la escena: se dice que el boxeador que logra dominar el centro del cuadrilátero tiene ya media pelea ganada; otro tanto sucede con el ajedrecista que domina el centro del tablero. Y eso mismo ocurre en la comunicación.

Una aclaración fundamental: dominar el centro no significa necesariamente ocuparlo.

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Muhammad Alí, uno de los mayores exponentes de la historia del boxeo mundial, tuvo un estilo de boxeo alejado de la técnica tradicional, pero a partir de sus primeros éxitos supo adoptar la iniciativa del combate. Y sin preocuparse por ocupar el centro del ring, supo rodearlo u ocuparlo según convenía. La iniciativa era su fuerte. Él dominaba.

En ajedrez, quien menosprecie el centro del tablero, perderá el control de la partida, sus posibles movimientos se verán limitados por la capacidad de ataque del adversario y sus posibilidades de éxito se verán improbables.

En comunicación, alguna vez deberemos ocupar el centro de la escena, y otras simplemente rodearlo, influir desde afuera. Pero siempre dominar lo que pasa allí. Y al igual que el legendario Cassius Clay, siempre tener la iniciativa.

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