Existe una correlación directa entre opinión pública y la conducta del político. Es natural. Y ese correlato se hace más patente cuando se trata de asuntos donde Doña Rosa comprende los alcances de la regulación; y viceversa: cuanto más complejo le resulte a un ciudadano el tema, más ajeno le será la regulación del mismo.

Comprender esta relación “opinión pública – conducta política”, o mejor “opinión pública – regulaciones” es fundamental para un profesional de la comunicación. Es él quien puede influir para que Doña Rosa conozca más de un tema, y así hacerlo más sensible para la sociedad.

Para comprenderlo bien, conviene repasar primero en qué piensan los políticos. ¿Por qué parece que dependen de Doña Rosa para votar tal o cual ley? ¿Por qué un funcionario se interesa por las opiniones de otros para firmar una resolución? ¿Esto es siempre así? ¿Levantan la mano de acuerdo a la sensibilidad de la opinión pública?

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La respuesta, sin dudas, es sí.

El político (funcionario, legislador o gobernante) piensa a corto plazo. No mide las consecuencias más allá de lo medianamente inmediato. No hay explicación ni argumento que lo mueva de este punto.

El político tiene su tesoro: los votos, su reputación. No hay nada que tema más que perder la confianza de la gente. Lo que piensa la opinión pública de él es todo. De eso depende su continuidad o renovación en el cargo.

Porque el poder es lo que interesa, sólo desea preservar su imagen. Cuidar el voto.

Conclusión: el político actúa con el termómetro en el día a día. Aunque las consecuencias de sus decisiones de hoy puedan afectar los próximos años, actúa con el diario del día. La agenda, se sabe, es cambiante, y el político también.

¿Cómo lograr que atienda razones y vea otra información antes de tomar sus decisiones? Trabajando sobre la agenda de cada día. Instalar un tema, generar controversia, todo ello contribuye a que el político atienda a lo que pasa hoy, y no arruine muchos mañanas…

Seguiremos…

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